Diagnóstico de la historia: somos un país manguero que recauda 85% de lo que gasta (de los últimos 58 años, en 52 hubo déficit fiscal).)

En los últimos 58 años hubo 52 con déficit fiscal, resume el último informe de Idesa. Los únicos años excedentarios registrados entre el 2003 y el 2008 responden más a artilugios contables que a genuina solvencia fiscal (los gastos estuvieron artificialmente reducidos porque no se pagaba deuda externa por el mega-default del 2002 y las jubilaciones y salarios públicos estaban licuados con el rebrote de la inflación).

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Tres datos del informe:

  • Entre 1961 y el 2002 pasaron 42 años de los cuales todos fueron deficitarios y los ingresos genuinos del Estado nacional solo alcanzaron a financiar el 80% del gasto.
  • Entre el 2003 y el 2008 fueron los únicos años superavitarios donde los ingresos del Estado superaron en promedio un 5% el gasto público (*)
  • Entre 2009 y el 2018 pasaron otros 10 años los cuales todos volvieron a ser deficitarios y los ingresos del Estado apenas financiaron el 90% del gasto público.

(*) Si se hubiese registrado en la contabilidad pública los juicios de los acreedores internacionales y de los jubilados, esos años también hubiesen sido deficitarios. Esto permite afirmar que se acumula más de medio siglo de déficits sistemáticos durante los cuales solo se alcanzó a financiar con recursos genuinos, en promedio, el 85% del gasto público.

¿De qué otra manera puede financiarse un déficit fiscal estructural y permanente del orden del 15% del total de los gastos si no es con emisión monetaria y/o endeudamiento público? Dado que no hay vías alternativas, las consecuencias previsibles son la alta inflación y el exceso de endeudamiento que lleva al default. La actual crisis encuadra dentro de esta misma lógica.

Y finaliza Idesa: con equilibrio fiscal se puede evitar la emisión inflacionaria y el endeudamiento insostenible. Así, crear las condiciones para desmantelar las políticas anti-exportadoras que quitan competitividad a los sectores productivos. Para ello, el debate político debería estar menos centrado en hechos circunstanciales y más en el abordaje con seriedad y profesionalismo de las estrategias para equilibrar estructuralmente al Estado.

Informe completo aquí.

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